Cómo disfrutar del turismo cultural en familia

Cómo disfrutar del turismo cultural en familia

       

     Seguro que si eres padre o madre te has preguntado esto alguna vez. Lo bueno de visitar lugares con encanto es que no necesitas ser un erudito, ni tan siquiera tener amplios conocimiento en historia o arte. Los niños no lo son, y os aseguro que tras estas recomendaciones que os voy a dar disfrutarán del patrimonio como nunca antes. El turismo cultural es ese patito feo del turismo, que solo reclama el interés principal de unos pocos, y cuyos visitantes lo son por derivación de otros turismos más “emocionantes”. Pero todo eso, claro, se debe al anquilosamiento del mensaje. Cuando los niños no quieren garbanzos, ¿no los pasamos por el pasapuré para que estén más ricos? Pues eso es de lo que adolece el turismo cultural.
Los secretos que los monumentos y rincones con historia esconden son los mismos que alimentaron nuestra imaginación cuando éramos niños. Exactamente los mismos. En la verticalidad de un castillo, la sobriedad de una catedral o el brillo de una vidriera residen fantasías y aspectos que nos inspiraban cuando éramos niños. Quizás sea por eso que de mayores somos proclives a proteger el patrimonio. Sea como sea, anima a tus hijos a que disfruten de la historia. Haz la prueba, disfrutarán ellos y disfrutaréis los padres.
Para empezar, trata de generar expectación antes de visitar un monumento. Puedes decir a los niños que vais a ver un castillo que fue cien veces asaltado y nunca conquistado. Que subiréis a una alta torre y dispararéis con arco tal como hacían los defensores en el medioevo. O que las catedrales eran símbolos de poder de los obispos, y que se construían con los impuestos que sus hombres, a punta de espada, robaban a los campesinos. Puedes explicarles que las grandes piedras de las bóvedas y los pilares las subían con máquinas de madera, y que tenían que trabajar cientos de obreros para levantarla en veinte, treinta o más años. Juega con su imaginación, siempre contándoles la historia lo más veraz posible, y veras como, de sopetón, la imaginación de todos, incluido vosotros, echa a volar.
Una vez allí, llegó el momento de alzarla completamente al vuelo. No dudes en nombrar a tus hijos defensores del castillo que visitéis, instándoles a que tienen que defender de los atacantes los sectores de la muralla de las escaleras. Si quieres, puedes hacer tú mismo de asaltante imaginario, verás cuán en serio se lo toman. Si haces eso, comprobarás como su interés por la historia se multiplica, pues comenzarán a preguntarte cómo funcionaba un puente levadizo, qué era una almena y para qué servía, o cómo se atrancaban las puertas del castillo. Marca la diferencia, y cuando visites esa iglesia románica pon a tus hijos de rodillas en el pasillo principal y ármales caballeros, dándoles los clásicos toquecitos en los hombros. Serás el centro de atención de los silenciosos turistas, pero convertirás el patrimonio en ocio activo para ellos.

Castillo_de_Loarre_(8164695933)      Castillo_de_Loarre_-_Vista_exterior      Catedral_de_Jaca

Como ves, las posibilidades son muy amplias. Si consigues concienciar e inculcar el amor por el pasado a tus hijos de esta manera, propiciarás que crezca en ellos el respeto por la historia e incentivarás su pasión por la lectura y la literatura en general. Ellos aprenderán a valorar el patrimonio y el arte, desarrollando su vertiente crítica. Y, lo más importante, estimularás su creatividad desde pequeños, esencial para enfrentarse a su vida de mayores. Prueba a hacerlo, y me cuentas.

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