La música altoaragonesa en el siglo XI

La música altoaragonesa en el siglo XI

Les propongo jugar a ser historiadores. Es más sencillo de lo que parece, siempre y cuando comprendan el contexto de la fuente que se proponen estudiar; pero estén tranquilos, a eso les ayudo yo. Vamos a escoger una fuente que no sea documental (por eso del rollo de la paleografía), sino escultórica. Ver, tocar y deleitarse. La fuente que he escogido subí a propósito para contemplarla y fotografiarla este pasado fin de semana. Se trata uno de los capiteles del magnífico pórtico románico de la catedral de Jaca (la denominada lonja chica). ¿No han estado nunca? No sé qué hacen que todavía no la han visitado. La catedral de Jaca es uno de los templos románicos más importantes de Europa, por su singularidad, su carácter pionero y su exclusividad tipológica.

El capitel se encuentra en la actualidad en el claustro de la catedral, en el Museo Diocesano de Jaca. Es, a fin de cuentas, una de las joyas del museo. En realidad, se tienen dudas de la ubicación original, pues al estar labrado por sus cuatro caras, como si se tratara de un elemento exento, parece negar el hecho de que se encontrara en la lonja chica. Por ello, recientemente, el estudioso del románico aragonés Antonio García Omedes ha propuesto la posibilidad de que el capitel figurara en el parteluz de la entrada oeste de la catedral. Sea como fuere, lo que nos interesa a nosotros es el contenido del mismo, pues se trata de un testimonio de primer orden para conocer uno de los aspectos fundamentales de la vida cotidiana en la Edad Media: la música. En concreto la música altoaragonesa del siglo XI, que es la fecha en la que el maestro de Jaca esculpe el capitel. En él aparece una pléyade de músicos tocando al unísono alrededor del rey David, quien se muestra sentado en el centro de la cara central sobre una silla tijera. De hecho, él mismo toca una vihuela de arco, instrumento de cuerda. Aunque lo más probable, dentro de ese mismo género de instrumentos, es que se trate de una lira bizantina, tal como muestran otros capiteles de la época.

Analizar los instrumentos que aparecen en este capitel de la catedral de Jaca nos va a permitir conocer cómo era la música en el pequeño reino de Aragón en el siglo XI, pues las representaciones pictóricas y escultóricas, como sabrán, solían mostrar imágenes bíblicas por medio de elementos contemporáneos al artista. Conoceremos qué instrumentos eran propios de juglares y rapsodas en la época románica del norte peninsular, además de adentrarnos en el conocimiento de cómo debió ser la corte del rey Sancho Ramírez. ¿Todavía piensan que la Edad Media fue un periodo oscuro? Que no les engañen.

A parte de la vihuela del rey David, que debió ser instrumento de primer orden (puesto en manos del personaje principal del conjunto escultórico), encontramos en esa misma cara dos instrumentos más: un salterio y un arpa. El salterio es un instrumento del grupo de las cítaras, también de cuerda. Es muy probable que tuviera una gran importancia en la vida cotidiana jaquesa del siglo XI, pues un derivado de este, el chicotén, es uno de los instrumentos principales del folclore altoaragonés. En el caso del arpa, la forma del travesaño oblicuo parece sugerir que se trata, más bien, de la una lira griega punteada (antecesora del arpa).

En la cara izquierda del capitel observamos un músico que porta un laúd pequeñito (¿acaso un laúd árabe, adoptado de Al-Ándalus?), aunque también podría tratarse de un monocordio (una estría en la piedra parece sugerir que solo tiene una cuerda), pues de un modo parecido aparecen monocordios en la portada de Santa María de Vezelay (Francia). Vemos otro con una flauta de varios tubos tipo siringa griega, otro con un cuerno (luego hablaremos de este elemento como instrumento musical) y, por último, se observa a un músico agachado que lleva un órgano de mano. Este es el instrumento más curioso de esta cara, porque tras husmear en bibliografía científica al respecto he encontrado que su uso en la Península ibérica se documenta a partir de la segunda mitad del siglo XII, sin embargo, ya ven que en la segunda del XI ya era utilizado en el viejo reino de Aragón. ¿Ven cómo hacer de historiadores tiene sus repercusiones intelectuales?

En la cara derecha localizamos más músicos. Se puede apreciar otra flauta múltiple (siringa) y un par más de cuernos. Es curioso constatar cómo el cuerno, por lo general, era utilizado desde la Antigüedad como aerófono de llamada. Su uso en música era más extraño, aunque sí se utilizaba: su sonido, al estar su cuerpo cerrado por un costado, era el de una octava. Por eso podemos especular con que los cuernos de los músicos que aparecen en el capitel eran de acompañamiento. Es decir, el sonido bajo y tenue de los cornos sonaba de fondo mientras el resto de instrumentos interpretaban las notas. También se observa un instrumento de viento que se ensancha conforme se aleja de la boca. Para mí, sin duda, se trata de una dulzaina, típico instrumento de viento aragonés que ya era conocido en este siglo (heredero de la tibia romana). Y, por último, hay un extrañísimo elemento. Parece una tuba de superficie rugosa (la piedra muestra estrías) que forma dos ángulos de noventa grados. ¿De qué se trata? Después de indagar mucho puedo aportar varias respuestas. La primera es que se trataría de un cornetto, o, por lo menos, de un antepasado de este instrumento (pues el cornetto aparece en la Baja Edad Media). En todo caso, estaríamos ante una corneta de viento (no confundir con la corneta actual). Solía forrarse de cuero y tenía orificios al final. Como se puede observar, el hecho de que el músico tenga la mano en su parte posterior, como si estuviera tapando orificios, y que aparezca forrada, nos daría indicios de que se trata de un antepasado del cornetto renacentista. La otra opción a considerar es que el autor hubiera representado un largo cuerno caprino musical, de ahí las estrías en su superficie, imitando el cuerno de un carnero. Esto tendría sentido, ya que el cuerno de carnero es un símbolo fundamental del pueblo judío, del que David era su rey. Con todo, la representación de tantos cuernos en el capitel (a pesar de ser bovinos y no caprinos) podría venir a respaldar esta hipótesis. Juzguen ustedes mismos.

Como ven, se descubren cosas apasionantes jugando a hacer de historiadores. Podemos concluir que la corte de Sancho Ramírez, si este capitel ha tratado de emularla en algún momento (apuesten a que sí), debió rezumar arte, música y refinamiento.

            ¿Les ha gustado el viaje al pasado?

La música en la Edad Media

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